RATAS DE TUS ENTRAÑAS

RATAS DE TUS ENTRAÑAS

J. ALIETT

Las ratas corren por las calles, asquerosas peludas, huyen de su vida y con vida sobre ellas siguen huyendo, como ratas mugrientas así voy por la vida, engendrado por el asco, soy el desprecio del amor.

He andado por las calles desde que vine a este mugriento mundo, he huido, me he escondido de las carisias de la vida, de las ratas rechonchas y de mí.

Esta es mi vida, una rata más en la mugre y término como ellas, devorado.

Huir es todo lo que me importa, toda la vida es huir, huir de todo y de todos, de mi de ti, del mundo; de mi madre de su vientre, de sus fétidas entrañas que anhelaban el expulsarme de su interior, y luego huir de sus brazos lastimeros que apretaban no para querer si no para dañarme y luego sus besos bañados en licor con el sabor a hombres que pagaban nuestra comida; sus besos sabían a nada, ni cariño ni odio a nada, no importaba…

Ella era gélida llena de odio y rencor, asustadiza pero sobretodo distantemente rencorosa y todo era a causa de aquellos sueños que yo en mi tierna edad no lograba entender, pero aquellos sueños que la dañaban que arañaban su cariño y mi inocencia infantil mataban a grandes pasos el amor que me debía tener.

Mi madre era la bruja de un cuento, ella era la herida que nunca ha de sanar y que solo seguirá sangrando y yo aun en sus entrañas aferrado a su vientre, aterrado por sus pesadillas lloro en silencio mientras ella se refugia en la oscuridad de aquel rincón de nuestro mugriento cuarto.

–          ¿Me quieres mama?– y su caricia era dolorosa, marcas de odio que herían mi piel.

¡Oh sangre, sangre! Tú no sabes que es llorar, no sabes que es sangrar.

–          ¡no mama, no mama! Ya no llores, son solo sueños, un besito y te calmaras.

Y su rechazo eran empujones llenos de asco, en sus ojos se dejaba libre al terror, al miedo a la desesperación.

–          Aléjate niño, ¡aléjate de mí! Tus besos son asquerosos son tan asquerosos como los de el; sus labios eran malditos y maldita me dejaron, malditas eran sus caricias y maldito dejaron mi cuerpo… ¡aléjate! ¡aléjate!

Hay estaba ella divagando entre la realidad y sus sueños, sueños pesadillas, que yo no lograba descifras, solo sabía que sería yo su escape del horror y recibía los golpes de su temor, de su odio, de sus lágrimas y tal vez, solo tal vez los de su amor, quizá eran golpes de amor para mí ¡¿me quería?!

–          ¡no! No me toques niño ¡eres igual a él! Asqueroso y maldito también.

–          Mami…

–          ¡¿mami?! Yo no sería madre si no fuera por él, ¿y sabes qué? debí echarte de mí vientre, pequeño engendro, bruto ¡insensible! Te pedí que no me dañaras y lo hiciste, no tenía culpa alguna, yo tenía un futuro y me lo arruinaste, te pedí que no me tocaras y tu naciste… ¡qué mal he hecho dios!

Malditas eran nuestras noches y nuestros días nunca tuvieron sol, el gris jamás veía el rosado del amor solo el verde de los golpes que pasaban a ser morados y luego negro, aquellos golpes parecían querer podrirse en mi piel aún viva.

¡soy una rata morada!

¡Soy una rata verde!

¡soy una rata negra!..

Una rata golpeada que su madre no abraza.

El yo niño, el yo ingenuo, el yo tierno lloraba cada noche, cada día, cada madrugada, lloraba por su madre, por su dolor; lloraba por la rabia a ese hombre desconocido que le robo el cariño de su madre ¿Quién era ese fantasma? Yo no lo sabía, solo sabía que era él el causante del sufrimiento de mi madre.

¿Adónde fueron a para las caricias de mi madre?  ¡a donde fueron a morirse que las quiero revivir…!

Del cielo cayo una rosa

Y mi madre la destrozo

Entre golpes me gritaba

¡RATA DE MIS ENTRAÑAS!

Y ahora el yo adolecente solo trataba de aprender las mañas que la mugrienta calle le ofrecía, mi anhelo ya no eran las buenas caricias de mi madre, por lo menos no eran en ese momento lo principal en mi mente pero aún era ese mi deseo más grande, aún lo es; en mi mente solo rondaba la idea de “el que tiene dinero es el rey“ y yo quería ser el rey, el rey lo tenía todo, tenía la admiración de todos, el respeto y hasta el cariño, era claro que un cariño falso pero al fin y al cabo eso era mejor que… nada.

Unos cuantos robos, unas cuantas peleas, unas cuantas giliadas a algunas chicas buenotas y ya era notado entre mi sociedad, era una rata reconocida.

Soy un rey, casi el rey, tengo la atención de todo ¡TODOS! Pero ella no me mira, no me quiere, no me nota.

–          Eres igual a ese hombre, eres igual a el, hijo de rata, mugriento maldito, no me traigas tus porquerías aquí, no quiero a la policía sobre mí, otros cobardes que no hacen nada, tú ya lárgate.

–          ¡Deja de gritarme!, esta es mi casa también y traigo lo que se me dé la gana ¡me entendiste!

Y su cachetada sonó violenta, y la sentí violenta golpear mi rostro, sentí la sangre escapar de mi labio, la mano de mi madre era tan pesada como aquel ladrillo que cayó sobre mi pie cuando niño.

–          ¡ya déjame! No me pegues mas

–          ¡cállate!- y sus golpes fueron más fuertes, no lo soportaba y el niño herido en mi interior salió a flote llorando aterrado porque su madre se convirtió una vez más en la bruja de su cuento de terror, ya no era el rey, solo una rata para ella.

–          ¿Por qué no me quieres mama? ¿Qué he hecho mal?

–          ¿Qué he hecho mal mama?- su voz irónica repetía mi pregunta- has nacido, existes, tu no debiste nacer, jamás debí permitirme cargar contigo en mi vientre, jamás te quise, no te quiero y no te querré, eres igual a él, sus mismos ojos, sus mismos labios, las mismas asquerosas manos  y tuve que tenerte dentro de mí, tuve que soportarte dentro de mi como lo soporte a él en mi interior con asco y dolor, yo no quería que me tocara, no quería que me besara, que culpa tenía yo que saliera tarde del instituto aquella noche, de cruzar por aquel túnel sola y encontrarme con ese hombre endemoniado, que culpa tenía yo de ser una inocente entre sus brazos, que culpa tengo yo de tenerte como hijo, si no te quiero, si te odio ¡te odio!

No lo soportaba, no podía soportar aquello que ella decía, por fin comprendía sus golpes, comprendía cual era el origen de todo, cual era mi origen, yo soy el génesis del mal, soy su desgracia y su terror.

 

Hijo mío

hijo maldito

te expulso de mi vientre

y lloras por cariño

te expulso de mi corazón

y chillas por amor

hijo mío

hijo maldito

del odio eres dolor

Corrí sin rumbo por las calles, lloraba, todo era su culpa, yo también lo odiaba, mi padre era el mal y su hijo era yo el odiado por la madre; ¡Oh madre, te amo, te quiero! Y entiendo tus golpes pero duelen, lastiman y vuelven a doler, él tiene la culpa, el odio es de él, es mío, es tuyo, pero él tiene la culpa ¡Oh madre como sufres, como sufro!

Ratas díganme ¿su madre los ama? La mía no, la mía me odia y todo por culpa de él ella llora en la más oscura esquina de la casa, aquella choza que se va cayendo a pedazos, ella llora desesperada y luego sale en mi búsqueda y me acaricia con la correa entre azotes de amor lastimero y yo lloro, no digo nada porque él tiene la culpa.

Los hombres entran y sale del cuarto de mi madre, entre el humo y el olor a alcohol, y ya no me gusta, no me gusta que la toquen, no quiero que les dé cariños a ellos, ¿Por qué a ellos y no a mí?, a ella no les gusta sus besos, ni los míos, ni los de nadie, ella no ama, es una flor marchita, rota y enterrada.

–          ¿Qué me miras chico?

–          Mamá no quiero que vengan más hombres a buscarte, yo conseguiré más dinero y…

–          ¿tu? Jajaja, por favor, mírate eres un inútil con el dinero que robas a mí no me sirve, ni sirve para comer en cambio los que aquellos cerdos me dan si- me lo dijo aventándome el dinero en la cara- qué más da a mí me hicieron puta- y mirándome con odio dijo– tu padre.

Mi padre, ¡MI PADRE! Él era una rata peluda y dientona que se aprovecha de la inocencia, que como de la basura, que roba ilusiones, yo soy el hijo de una rata, soy la rata de sus entrañas.

Estoy condenado, maldito por el cielo, despreciado por dios que se aferró al odio para que pudiera nacer, el demonio es mi fiel traidor padrino y ellos me crearon para ser la condena de una mujer marcada por el asco.

Ay madre cuanto lloraste, cuanto gritaste, cuanto suplicaste  y en la oscuridad silenciosa nadie oía solo la noche oscura se burlaba de tu desgracia.

Ay madre la condena cae sobre ti, mientras que las noches se apoderan de tu pureza la condena cae sobre ti, correr no es una opción ya lo intente, correr no es una opción.

El crimen es el pan que nos alimenta, la prostitución es el único arte que existe y mi madre la estrella, una estrella sin brillo solo es gris, apagada, muerta, una estrella que muere en el oscuro cielo ¡oh madre! ¡Oh estrella!

El arma pesa en mi mano que suda sin control, pesa como un muerto que aún no ha muerto, el tipo esta frente a mi y detrás, detrás hay una voz que me grita furioso ¡¡DISPARA IMBESIL!! Pero no se hacerlo, no puedo, sus ojos tienen miedo y yo también, solo vine por dinero no por su vida, aquel no me importa ¿porque he de matarlo?

El arma pesa en mi mano

como un muerto aun no muerto

y llora mi mano,

llorando entre sudor

y llora mi mano

porque tengo miedo

no soy rey

soy un cobarde sin amor

de sus entrañas  expulsado

llora mi mano

llora por el cobarde que soy.

Un disparo, uno solo, la bala no fallaría, el tipo estaba frente a mi justo enfrente de mi arma, el disparo no pararía y ¡¡BAM!! La sangre empezó acorrer descontrolada, parecía querer  tocarme, parecía correr loca por el piso para llegar a mi, el miedo el terror se apoderaba de mi intensamente.

–          recoge el arma estúpido, ya nos vamos– me dijo mi cómplice y así salimos corriendo devuelta a nuestra madriguera.

Esa noche no tenía estrellas, y me sentía la más solitaria rata en el mundo, el disparo aun sonaba en mi mente, la sangre aun la veía venir tras de mi… y su cuerpo frio, no podía dejar de imaginarlo.

Entre a casa, mi pocilga privada, no escuchaba ruido alguno, ahora el silencio parecía ser silencio de verdad; me acerque al cuarto de mi madre, quería verla, quería su consuelo aunque sabía que de ella lo obtendría nada.

Las respiraciones se escuchaban agitadas, de una agitación temerosa, ella debía andar en su lujuria, pero a mí un miedo me embargo, tenía la necesitad de verla en ese momento, quería verla no me importaba si estaba en pleno acto con algún cerdo solo tenía que verla pero aquella voz me detuvo… ¿Quién era?

–          Cálmate muñeca, cálmate yo solo vine aquí por un rato de placer no quiero problemas…- la voz de aquel desconocido me sonó repugnante y a la vez me lleno de temor ¿Quién era?- baja ese cuchillo o te arrepentirás– lo escuche decir, estaba a punto de entrar pero ella grito

–          ¡no me toques! No me mires, no me hables, por tu culpa esto es lo que soy por tu culpa, maldito, maldito te odio, deberías morir

–          Que estupidez estas ablando zorra yo no te conozco

–          Si puta soy, por tu culpa, por ti, yo no quería que me conocieras pero tú me forzaste, me obligaste; crees que olvidaría al maldito que me violo, crees que te ¡¡olvidaría!!

 

El frio recorría mi espalda, era realmente aterrador escucharla, aquel hombre era mi padre, estaba con ella; la rata peluda estaba en la cama con mi madre y ella traía un cuchillo en la mano mientras yo paralizado oía como ella le gritaba su odio.

–          ¿Qué?- lo dijo con una verdadera sorpresa pero luego la sonrisa burlona salió de él- bueno nena no recuerdo haber tocado tu piel pero mírate estas realmente rica porque no me haces recordarte, vamos ven.

–          ¡no! Déjame, suéltame– el terror que acompañaba esas palabras asustaba hasta los huesos

–          A lo quieres de esa manera, bueno chiquita tengo ganas y con ese cuchillito en la mano te ves sexy así que repitamos lo de aquella ves

–          ¡no! ¡nooooooo! ¡¡suéltame!! ¡no!… por favor, no, suéltame, ¡NOO!…

Escuchaba los gritos de mi madre los escuchaba y mi mente me gritaba entra, ¡entra! Pero mi cuerpo no respondía, mi cobardía se agrandaba al escuchar la risa de aquel hombre, los jadeos de su perversión y la agonía de mi madre. ¡Oh madre tu sufrir es mi sufrir y tu cobardía es la mía!

Ella seguía gritando, pidiendo que la dejara, que ya no la tocara, cada grito era más desgarrador que otro, y mis lágrimas cobardemente escapaban al escucharla, una y otra vez aquella cama chocaba contra la pared, él se reía y ella lloraba, yo suplicaba que esto acabara.

–          Por favor, por favor, por favor…- decía yo sumido en mi cobarde suplica llena de mocos y lagrimas

–          Hey chico quien eres tú, estas esperando tu turno, entra que ya acabe– me dijo aquel tipo mientras salía del cuarto de mi madre con una sonrisa burlona, me dejo aterrado aún más su mirada, era fría y malvada, lo aun peor era que me parecía tanto a él que por un momento nos quedamos viendo tratando de reconocer quien era quien, y eso me asusto me asusto tanto que solo quería esconderme en los brazos de mi madre y corrí por fin pude levantarme y correr junto a ella.

Ella estaba con la mirada perdida echada en su cama, desnuda y con las piernas abiertas, aun traía el cuchillo de mesa aferrada a su mano que sangraba, el olor a sexo en su cuerpo era asqueroso, apestaba y las lágrimas se confundían con un sudor mugriento que recorría todo su cuerpo.

–          Estabas afuera ¿verdad? – me dijo

Yo no conteste.

 

–          ¿No me escuchaste gritar?, estabas afuera y no viniste por mí, fue como aquella vez, yo grite y grite pero nadie vino a salvarme, suplique y suplique pero las suplicas eran en vano… tú estabas afuera.

 

–          Mamá lo siento tenía miedo, yo quería pero no pude- se lo dije mientras me acercaba a ella- no podía, yo no podía…

 

–          Cállate, eres un estúpido, maldito, maldito cobarde- entonces ella volteo a verme y sus ojos se abrieron como dos platos llenos de terror, el pánico se presentó y grito- ¡no! Ya no aléjate de mí, ya no vete no quiero ya no ¡vete!

 

–          Cálmate mamá, soy…

 

–          No me vuelvas a tocar, no quiero que me vuelvas a tocar- me gritaba mientras ella se levantaba y se abalanzaba sobre mí con el cuchillo delante- muérete no te quiero, te odio

 

–          No mamá, soy yo, ¡soy tu hijo!

 

–          No te quiero, pensé que te quería, pensé que podía quererte pero eres igual a él…

 

–          No ¡no! Yo no soy  él…

 

–          creí poder quererte cuando aún estabas en mi vientre, pero naciste y me llenaste de dolor, me recordaste todo, te odio por ser de él, te odio.

 

–          ¿me querías, enserio? Quiéreme otra vez mamá, por favor vuélveme a querer

 

–          ¡noooo! Te odio, eres un maldito engendro, te odio ojala te hubiera abortado, ojala hubieras muerto, muerte ¡muérete! Te odio

 

–          Vuélveme a querer, ¡vuéleme a querer!  déjame entrar otra vez, por favor déjame estar en tu vientre otra ves

 

–          ¡Muérete!- lo grito mientras clavaba el cuchillo en mi hombro y el dolor baño mis ojos, las lágrimas caían porque ella me odiaba, arranque el cuchillo de mí y grite, grite por que dolía la herida y dolía su desprecio

 

–          Vuélveme a querer, déjame entrar otra vez en ti vientre ¡¡quiéreme mamá!!– le dije a gritos mientras la apuñalaba con el cuchillo en el vientre, abría su carne sin asco, la abría con una sonrisa en los labios con una ilusión enfermiza de que pronto estaría dentro de su vientre como aquel feto que un día fui y ella pensó en querer, abría su vientre quitando la carne, cortando los músculos limpiando sangre que caía en mi cara, mi idea estúpida aún no se desvanecía y yo seguía cortando a mi madre como a una vaca, vaciando su interior para poder entrar y entonces ya no la escuche gritas y me encontré con tus entrañas en mis mano, la vi y ella estaba con los ojos abiertos llenos de dolor y terror viéndome, viéndome muerta, mi madre estaba muerta y yo la había matado, su cuerpo y mi cuerpo estaban bañados en su sangre que olía al sexo de él de aquel padre mío que no dejo que ella quisiera a su hijo.

 

Me levante mirando mis manos que estaban llenas de sus viseras, las deje caer y cogí el abrigo negro largo de mi madre me lo coloque y Salí como zombi a la calle a esconderme entre las sobras como una rata fugitiva.

Pase las noches tirado bajo un puente y los días deambulaba pos las calles solitarias escapando de mi madre con su cuchillo en la mano.

Las ratas corrían a mí alrededor, olían su sangre en mí, la olían a ella y yo caminaba entre ellas porque era uno de ellos.

Lo vi, no podía confundirlo, lo vi, era él, éramos idénticos, ya el miedo no existía se  murió con mi madre, era él y por su culpa mi madre nunca me quiso, era él.

El cuchillo apretó su garganta y sin ningún asco lo corto, su sangre empezó a salir disparado  bañando la tierra.

–          ¡muérete papi! ¡muérete que ella te odia, que yo te odio! Muérete papi porque mi mami nunca me quiso por ti, por mi ¡muérete!– le dije mientras lo tiraba al suelo y apuñalaba su pecho, y la recordaba a ella, mi madre debe estar orgullosa pensaba yo, orgullosa porque él muerto estará, arranque su corazón y corrí, corrí desesperado a buscarla para mostrarle que la  había vengado que ahora si podía quererme.

¡BAM! ¡BAM!  Las balas atravesaban mi piel, los compinches de mi padre rata salían en su venganza y ¡BAM! Otra bala estaba durmiendo dentro de mí pero no podía quedarme mi madre tenía que ver que yo la había vengado, tenía que quererme por ella corrí y corrí hasta nuestra mugrienta madriguera.

Hay estaba ella esperándome, con sus entrañas en el suelo y la sangre seca pudriéndose a su alrededor.

–          Mira mamá, mira es su corazón, lo vez; él ya no te lastimara yo te vengue mamá ya puedes quererme- levante su cuerpo y la abrase tirando a un lado el corazón de mi padre, la abrase fuerte y ella no rehuía mi abrazo pero me aleje de ella rápido- ¡¡me mordió mamá!! Me mordió– decía mientras veía a las ratas salir de sus entrañas, de su cuerpo carcomido por ratas, las vi correr l corazón de mi padre y volver a meterse al cuerpo de mi madre y no pude ver más me tire al suelo a llorar, a llorar mi heridas que ardían alojadas por las balas en mi cuerpo

Llore como un niño sintiendo mi piel morir por la infección, y se gangrena para ser comida por las ratas.

–          Estoy agonizando mamá y solo quiero que me abraces, te quiero te necesito, estoy  muriendo mamá y quisiera ser rata para estas nuevamente en tu vientre, no entiendo porque ellas si pueden estar en ti y yo no, ¿a ellas las quieres mamá?…

 

“QUISIERA SER RATA

Y QUE ME QUIERAS

QUISIERA SER RATA

Y QUE ME ABRACES

QUISIERA SER RATA DE TI

QUE HIJO DE UNA RATA

QUISIERA SER DE ESAS RATAS

DE AQUELLAS DE TUS ENTRAÑAS“

 

 

 

 

_______

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7 Respuestas a “RATAS DE TUS ENTRAÑAS

  1. Tu relato es muy fácil de leer querida amiga, he tardado menos de diez minutos, pero he tenido la sensación de haber terminado una obra más compleja y eso es así porque está bien construida y el contraste continuo de estilos la hace sumamente fluida.

    Por otra parte he notado en ti una evolución, hablo de más madurez y, sobre todo, de unas frases que hieren como esas dagas que utiliza la heroína de la historia.

    Sencillamente genial, el impacto del relato es brutal, pero te deja un sabor a obra redonda.

    Echaba de menos escrito como este en mi época de silencio.

    • HOLA JOSÉ, ME ALEGRO QUE TE GUSTE LA HISTORIA TENIA ALGUNAS DUDAS SOBRE ELLA ^^, TRATE DE CAMBIAR UN POCO EL ESTILO DE LA NARRACIÓN PENSANDO EN UN COMENTARIO QUE ME DIERON, ME DIJERON QUE TRATARA DE USAR LA POESÍA EN LOS CUENTOS EN FIN NO SE SI LO LOGRE PERO TRATE DE HACERLO.

      LA GENTE MADURA CADA DÍA 🙂 DE ESO SE TRATA, DE SER ALGO CRUDA E HIRIENTE PORQUE EL PERSONAJE SE SIENTE HERIDO, SOLO, MALDITO, DESPRECIADO Y SI EL PERSONAJE SE SIENTE DE ESA MANERA CREO QUE TENIA QUE ESCRIBIR DE TAL FORMA PARA QUE EL LECTOR SE CONECTARA CON ESE SENTIMIENTO… GRACIAS QUERIDO AMIGO 🙂

      ECHABA DE MENOS TUS COMENTARIOS Y TUS ESCRITOS EN TU BLOG 🙂

  2. Que increíble historia, llena de dolor y sufrimiento. La vida en la calle y en la pobreza, con historias como esta abundando alrededor es algo crudo que pareces plasmar con mucha facilidad. Expones el trasfondo y las motivaciones de muchos delincuentes juveniles.

    El principal horror en tu historia no son los asesinatos ni el odio visceral de la madre hacia su hijo… sino el preciso hecho de que las posibilidades de que la ficción que has descrito haya sido realidad es muy probable. Y más de una vez…

    Me alegro de poder volver a comentarte, amiga. Espero que estés bien y sigas escribiendo

    Un abrazo, Aliett

    • ADLIEN!! QUE GUSTO SALUDARTE.
      LA HISTORIA TENIA QUE SER TRAGICAMENTE FUERTE SE TRATA DEMOSTRAR REALIDADES QUE EXISTE PERO QUE NACIERON EN MI IMANACIÓN, LO PENSÉ MUCHO E IMAGINE MUCHOS ESCENARIOS Y AL FIN ENCONTRÉ EL CAMINO DE ESTA HISTORIA,.

      ME ALEGRO QUE TE GUSTAR.

      NUEVAMENTE UN GUSTO SALUDARTE AMIGO. 🙂

  3. Me has hecho sentir el nudo en la garganta…
    Que increíble todo lo que transmites, te encontré buscando un escrito culaquiera….Ahora pasas a mis favoritos… En verdad….

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